Bienaventurados Rodrigo Funes Jesús y María En la cuna de paja, Jesús soñaba, María le cantaba con suave tono, Más que a nada ella lo amaba, Él era un rey, sin gloria ni trono. Desde niño en sus brazos él descansaba, cada gesto de ella era puro anhelo, su mirada de la fe no se apartaba, en su hijo, Jesús, halló consuelo. De niño en sus brazos, dulce y amado, creció bajo el cielo y el amor maternal, y con el tiempo, su destino sagrado, culminó en el amor del sacrificio final. Al llegar la hora del cruel sacrificio, María con valor no se apartó. Ni la espada ni el cilicio, se acercan al dolor que ella sintió. Cuando Jesús colgaba de la cruz María fue el pilar que no se quebró. Antes de subir al Padre, a la luz, Jesús a su madre encomendó. La resurrección de Jesús fue un gran consuelo, María en el cielo se unió a su hijo amado, en la gloria eterna, al cruzar el velo su amor en el cielo quedó consagrado. Cada lágrima y fe, en el cielo son canto, cada ruego de amor, en gloria se ...
Aquí reflexiono sobre lo que somos entre cielo y tierra: amores que se desbordan, duelos, culpas, deseos y fe, buscando sentido en cada verso y cuento.