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Ensayo Nuestro propósito divino: La importancia del dolor en nuestro desarrollo

 Introducción

 

No mentiré, me siento un poco pretencioso escribiendo este ensayo. A continuación, intentaré responder a la pregunta más fundamental que la humanidad siempre se ha planteado sobre nuestra existencia: ¿Cuál es nuestro propósito en este mundo?

A lo largo del tiempo, grandes pensadores de diferentes culturas y ramas de pensamiento han propuesto teorías y perspectivas a estas preguntas, pero a pesar de sus diferencias he notado que todos están de acuerdo en una verdad, todos creen que nuestra vida en la Tierra tiene un propósito profundo y significativo. En la búsqueda de este propósito, encontramos que nuestras experiencias, tanto las agradables como las dolorosas, juegan un papel crucial en nuestra evolución y desarrollo espiritual. A través de estas vivencias, somos llamados a superar nuestras limitaciones y a alcanzar un estado de perfección y divinidad. En este ensayo, exploraré cómo nuestras experiencias, el dolor y la adversidad, y la búsqueda de la verdadera felicidad se entrelazan para ayudarnos a parecernos más a Dios. Me apoyaré en las enseñanzas de la Biblia para fundamentar estas reflexiones.

 

El Propósito de Nuestra Existencia en la Tierra

 

La pregunta sobre nuestro propósito en la Tierra, cómo he mencionado anteriormente, ha sido objeto de reflexión a lo largo de la historia humana. Considero que estamos aquí para obtener experiencia y superarnos a nosotros mismos, y que nuestro destino final es llegar a ser como Dios. A continuación presentaré algunos versículos bíblicos que comprueban esta afirmación.

 En Mateo 5:48, Jesús nos invita a la perfección: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". Opino que esta perfección no se alcanza de la noche a la mañana y no es posible alcanzarla en esta vida. Eso bien lo sabía Jesús, pero aún así nos hizo la invitación, así que hay que prestarle atención. La perfección se alcanza a través de un proceso de crecimiento y superación personal, este proceso se lleva a cabo aquí en la tierra. Pablo, en Romanos 8:28, nos recuerda “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas obrarán juntamente para su bien, para los que conforme a su propósito son llamados”. Entendemos por esto que cada experiencia, tanto las agradables como las difíciles, contribuyen a nuestro progreso y nos ayudan a desarrollar más nuestro potencial divino.

 

El Error de Creer que Venimos Solo a Ser Felices

 

Es un error común pensar que nuestra existencia en la Tierra es solo para ser felices. Si bien la felicidad es uno de los objetivos debemos aprender a leer entrelíneas. Opino que nuestro propósito es mucho más profundo. Sufrir nos lleva a un nivel más alto de sabiduría y comprensión. En Eclesiastés 7:3, Salomón nos dice que "Mejor es el pesar que la risa, porque con la tristeza del rostro se enmienda el corazón". Este pasaje nos muestra que el dolor y la tristeza tienen un valor educativo y transformador en el plan de Dios.  La felicidad no nos puede proporcionar ese crecimiento.

 

El Dolor como Herramienta de Dios

 

Siempre he pensado que el dolor no es algo malo, sino una herramienta divina para hacernos mejores y superarnos a nosotros mismos. Opino que debemos aprender a ver el dolor y las pruebas como regalos de Dios. Me apoyaré en las palabras de Pablo aparecidas en 2 Corintios 12:9-10, “Y me ha dicho: Te basta mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por causa de Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Este reconocimiento de la necesidad del sufrimiento nos ayuda a agradecer el dolor y a verlo como una oportunidad para crecer y fortalecer nuestra fe. Cuando hay dificultad nos allegamos a Dios, ya que no podremos sobrellevarla únicamente con nuestra propia fuerza ni confiar en nuestra propia sabiduría.

 

Ser Feliz en Medio de la Adversidad

 

Estoy cien por ciento convencido que a esta vida no estamos llamados únicamente a ser felices, sino a aprender a sufrir con gozo. Tomo como referencia Santiago 1:2-4, “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra perfecta, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” 

Esta actitud de enfrentar la adversidad con alegría no solo nos fortalece, sino que nos ayuda a alcanzar una pureza de corazón que solo se obtiene a través del sufrimiento dignamente llevado. Jesús mismo declaró en Juan 16:33: "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo". Estas palabras nos animan a enfrentar nuestras pruebas con esperanza y confianza en la victoria final. 


Pablo nos habla de esta victoria en 2 Timoteo 4:7-8, “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”

 

El Papel del Dolor en la Purificación

 

Opino que el dolor y el sufrimiento tienen un papel esencial en nuestra purificación. Jesucristo es el ejemplo perfecto de cómo el sufrimiento puede llevar a la santidad. Quiero hacer énfasis en el sufrimiento de nuestro señor Jesucristo y plasmar la importancia del dolor en su misión divina.

Durante su vida en la Tierra, Jesús fue incomprendido, humillado y sufrió de maneras incomprensibles. Hebreos 5:8-9 nos dice: "Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen". Este sufrimiento no solo redimió a la humanidad, sino que también lo perfeccionó, mostrándonos que el dolor tiene un propósito purificador. 

Isaías 53:3-5 profetiza sobre el sufrimiento del Mesías: "Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados".

Leemos en Mateo 27:46, que en la cruz, Jesús exclamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?", manifestando el profundo sentido de abandono y dolor espiritual que experimentó. Este grito no solo refleja su sufrimiento físico, sino también la carga emocional de llevar los pecados del mundo. Sin embargo, en Lucas 23:46 apreciamos que incluso en su agonía, Jesús demostró obediencia y entrega total a la voluntad del Padre, diciendo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".

El sufrimiento de Cristo no fue en vano; fue la vía a través de la cual alcanzó la perfección y la redención para la humanidad. Este modelo de sufrimiento redentor nos enseña que nuestras propias pruebas y dolores tienen un propósito más elevado. En 1 Pedro 2:21 se nos recuerda: "Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas". El sufrimiento, entonces, no es simplemente una consecuencia de la vida terrenal, sino una herramienta divina que nos purifica y nos acerca a cumplir la invitación de Cristo, ser perfectos como Dios es perfecto.

Jesucristo, a través de su vida, pasión y muerte, nos mostró que el sufrimiento puede llevar a la perfección y a la redención. Al enfrentar nuestras propias pruebas, podemos encontrar consuelo y propósito al recordar que el dolor, cuando es soportado con fe y obediencia, nos purifica y nos acerca más a ser como Dios.

Estoy convencido de que el sufrimiento de Jesús también le trajo beneficios a Él. No solemos hablar de esto, sin embargo; creo que es de suma importancia mencionarlo. Al haber sido el hombre que más sufrió, hoy es el hombre más feliz.

En Filipenses 2:8-9 leemos: "Y hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre". Este pasaje revela que la humillación y el sufrimiento de Jesús llevaron a su exaltación y a su máxima gloria. Su sufrimiento no solo tuvo un propósito redentor para la humanidad, sino que también resultó en su propia exaltación y felicidad eterna.

Sé que no podemos experimentar la máxima alegría sin antes haber experimentado el máximo sufrimiento y decadencia. En 2 Corintios 4:17, Pablo escribe: "Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria". Este principio sugiere que el sufrimiento presente, por intenso que sea, prepara el camino para una gloria y alegría incomparables en el futuro. Jesús, al soportar el máximo sufrimiento, alcanzó una felicidad y gloria supremas.

Además, Hebreos 12:2 nos invita a "poner los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios". Jesús soportó la cruz con la vista puesta en el gozo que vendría después. Este "gozo puesto delante de él" no solo se refiere a la redención de la humanidad, sino también a la recompensa personal y la felicidad eterna que le esperaba.

 

Conclusión

 

Mi conclusión para este ensayo es que nuestro propósito en la Tierra es obtener experiencia y superarnos a nosotros mismos, con el objetivo final de llegar a ser como Dios. El dolor y el sufrimiento juegan un papel crucial en nuestra purificación y crecimiento espiritual. No debemos pensar que estamos aquí únicamente para ser felices, estamos aquí para aprender a sufrir con alegría. Esa manera de ver la vida nos lleva a una comprensión más profunda de nuestro existir. Debemos ver el dolor como una herramienta divina para nuestro beneficio y agradecer las pruebas que enfrentamos, reconociendo que nos ayudan a alcanzar nuestro potencial divino.

Jesucristo es el mejor y único ejemplo de cómo el sufrimiento puede llevar a la purificación y la máxima felicidad. A través de su vida de dolor y sacrificio, Él no solo redimió a la humanidad, sino que también alcanzó la máxima felicidad y gloria. Al seguir su ejemplo y aceptar el sufrimiento como parte de nuestro crecimiento espiritual, podemos acercarnos más a nuestro propósito divino y alcanzar en el día de la resurrección una alegría más profunda y eterna.


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