Desde que dejaste de mirarme
Rodrigo Funes
Quizás fui solo yo quien sintió esa conexión…
y tú nunca me quisiste.
Pero me cuesta creerlo,
después de todo lo que me contaste aquella vez.
Después de cómo nos miramos.
¿Cómo olvidaste tan rápido ese almuerzo?
Estábamos ahí, bajo esa luz suave,
riendo como si todo fuera perfecto.
Me confiaste tus secretos con voz temblorosa,
y yo te prometí, con una mano en el corazón, nunca desvelarlos.
¿Me equivoqué al ser tan transparente?
Pensé que te gustaría el libro,
que compartir algo tan nuestro como la lectura
nos haría estar más cerca.
Lo recibiste con una sonrisa… pero ahora veo que solo fue cortesía.
Y desde entonces, empezaste a alejarte.
No sabes lo confundido que estaba.
Y si te soy honesto, aún lo estoy.
Solo que ahora me resigné.
Intenté todo.
Te hablé con ternura.
Te di detalles.
Te escribí un poema que ignoraste.
Te llamé dos veces.
Y aunque respondiste, te sentí lejana.
Te hablé en persona, y me esquivaste la mirada.
Como si mis ojos ya no fueran dignos de los tuyos.
La última vez que los vi… fue en ese almuerzo.
Te pregunté si podía hacer algo para arreglarlo.
Y me dijiste que no hice nada.
Pero entonces… ¿por qué duele tanto?
¿Por qué ese silencio tuyo me rompe en pedazos?
No quiero creer que jamás te importé.
Eso me partiría el alma.
Fuiste mi amiga.
Te quiero.
Sí, aún te quiero.
A pesar del rechazo,
del silencio,
de que ahora soy un desconocido para ti.
¿Leerás el libro que te regalé?
¿Te gustó el poema?
¿Probaste el chocolate que escogí pensando en ti?
No sabes cuánto ha dolido esto.
He llorado.
Y la frustración que he sentido me quema por dentro.
Todo por no saber cómo acercarme a ti sin alejarte más.
Ha pasado un mes desde tu silencio.
Y aunque intenté soltar,
hay noches como esta,
en que la lluvia golpea el vidrio,
la niebla cubre el alma,
y el aullido lejano de un perro parece expresar con precisión mi dolor.
Quiero que vuelvas.
Quiero a mi amiga de vuelta.
Pero ya no sé qué más hacer.
¿Debo dejarte ir?
No me deja dormir la idea de que tal vez no hice lo suficiente.
Que quizás si lo intento una vez más…
tú cambies de opinión.
Qué ingenuo suena eso ahora.
Y sin embargo, aquí estoy,
una vez más, diciéndote:
perdóname.
No sé qué hice,
pero si te herí, no fue mi intención.
Solo quiero que hablemos,
como aquella vez.
Quizás ya te perdí.
Quizás ya no piensas en esto.
Solo quiero que sepas que aún me importas.
Y aún… te quiero.
Comentarios
Publicar un comentario