Poemario Aurora
Italia me envuelve en sus brazos,
rodeado me encuentro de historia.
Al pasar las lunas y avanzar mis pasos
más reconozco del país su gloria.
Los rostros de mármol en cada esquina,
adornan de la bella Italia sus calles.
Me cuentan historias de gloria divina,
Medici y Borgia cantan sus valles.
Entre las dolomitas, Val di Funes brilla,
eco del linaje en dulce murmullo.
Pequeño rincón con su dulce capilla,
Solo del cielo se escucha el arrullo.
Sus casas susurran la calma del viento,
mi apellido retumba en su pecho.
Es mío este valle en su aislamiento,
de partes de Italia estoy hecho.
En el Coliseo peleó el gladiador,
su corazón escuché yo latir.
Marco Aurelio, el gran emperador
parece en sus muros aún persistir.
Venecia fue para mi la reina del agua.
Me encuentro en sus calles de espejo.
En góndolas negras navega mi alma,
el pasado quedó ya muy lejos.
El Vaticano es un himno a la cultura,
seguro estoy que es obra de Dios.
La belleza de su arquitectura
es delicada y a la vez feroz.
La Sixtina es sublime y eterna,
un cosmos pintado por manos divinas.
Cruzamos con Dios miradas fraternas,
vi de los cielos abrir sus cortinas.
Panteón de Roma, el guardían de lo eterno.
La tumba de Rafael reposa callada.
Su genio inmortal en el mármol interno,
por millones de fieles es admirada.
Neptuno, señor de los vastos mares,
lo muestra la noble Fontana di Trevi.
Hermosa, no hay muchos iguales lugares,
donde el alma se pierde y el corazón bebe.
En cada rincón, el pasado palpita,
susurros de Dante, de siglos dorados.
Florencia, ciudad con riqueza infinita,
su escencia en mi pecho ha grabado.
La torre de Pisa, un gigante inclinado,
se alza desafiando a la tierra y su ley.
Allí Galileo, un hombre letrado
cambió las creencias del mundo y la fe.
Milán, tesoro de moda y belleza,
el Duomo al cielo eleva mi mirada.
Estatuas labradas con gran sutileza
y en lo más alto, la Virgen sagrada.
Viajé a Turín para ver tu rostro Señor,
el manto sagrado es impresionante.
Gracias por tu sacrificio de amor,
un honor contemplar tu semblante.
Miguel Ángel, dueño de toda grandeza,
esculpe mi alma en mármol sagrado.
Tener que partir enserio me pesa,
mi llanto es de hielo y mi grito callado.
Prometo volver a esta tierra querida,
y en ella dar mis ultimos pasos.
Mi tumba en Italia será construida,
aquí moriré entre risas y abrazos.
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