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Poemario Cielo

 Poemario Cielo

Rodrigo Funes


Soy del cielo

 

Soy del cielo, la luz y de la calma, 

del murmullo de estrellas al amanecer, 

donde el río desbordó sus aguas

de la paz que nos invita a renacer.

 

En mi corazón reside un espacio, 

donde el viento susurra su verdad, 

me recuerda que no existe fracaso, 

que mi alma no pueda soportar.

 

Mi morada no es ladrillo ni cemento, 

es la esencia eterna de estar aquí, 

es la certeza que en mi pecho siento, 

es el sueño constante de vivir.

 

No hay muros ni puertas en mi estancia, 

solo el cielo y su vasta inmensidad, 

de las flores se percibe su fragancia

y entendiendo estoy la eternidad.

 

No es el suelo lo que mi alma anhela, 

sino un cielo donde el sol siempre brilla, 

un refugio donde la calma consuela, 

descanso de las olas en la orilla.

 

Cuando el velo de nubes se aparte, 

y el cielo se ilumine con claridad, 

el mundo se transformará en arte 

y mi alma hallará serenidad.

 

Soy del cielo, mi alma sin final, 

de un viaje eterno hacia el firmamento, 

donde el tiempo se vuelve inmortal, 

y mi ser se une con el viento.

 

Volver al cielo, mi último anhelo, 

la meta sublime que quiero alcanzar.

Una vez haya cruzado el velo,

Por fin podré de todo descansar.

 

 

Tumbas y jardines

 

No hay nada más triste que la muerte.

¿Habrá algo más triste que decir adiós?

Todos corremos con la misma suerte,

espero que arriba exista un Dios.

 

Leí una vez, en un libro sagrado,

acerca de un hombre poderoso.

Dicen que a la muerte le ha ganado

y que en vida fue muy generoso.

 

Capaz de transformar el agua en vino

y de devolver la vista a los ciegos.

Dicen su origen fue divino

y que era más sabio que los griegos.

 

Devolvió la vida a dos pequeños,

y a un hombre que la tierra abrazó.

La muerte no es más que un sueño,

un eco que en la tumba se quedó.

 

Leí que tan grande es su amor

que de la tierra alcanza los confines.

A la muerte no hay que tener temor,

gracias a Él, las tumbas son jardines.

 

 

¡Se lo ha ganado!

 

Cuando mi carne en silencio grite

y me quiebre cómo lo hace el cristal,

será la señal para que deposite

mi fe en Dios, mi padre celestial.

 

Cada herida es el eco de un beso,

que Dios me ha dado para aprender.

El dolor es parte del proceso,

del camino que escogí emprender.

 

El sufrimiento es una puerta

que nos acerca más a Jesucristo.

para todos se encuentra abierta,

pero algunos no estamos listos.

 

Si siento que mis fuerzas desvanecen,

recuerdo aquella cruz en que sufrió.

Mi dolor a nada se parece,

al de aquel que en el Gólgota murió.

 

Si el dolor me arrastra por los prados

recordaré la corona que Él llevó.

Soportó el dolor ¡Se lo ha ganado!

Su sacrificio al cielo lo llevó.


Si el látigo mi carne desgarra

y pienso que más no puedo continuar,

recordaré el arpa y la guitarra

que en el cielo me esperan al llegar.

 

 

Valle de lágrimas


Un lugar donde siempre es invierno

Y los árboles sin hojas desnudos,

se asemejan a sombras del infierno

Y nuestros gritos se vuelven mudos.

 

Ahí, gris es eternamente el césped

y parece que siempre va a llover.

El valle paciente espera al huésped

y su alma no piensa devolver.

 

Las nubes opacan toda esperanza,

sin sol que ilumine el horizonte.

Más oscuro es mientras se avanza,

en este valle de árboles y montes.

 

Los pasos se hunden en tierra oscura,

y el viento aullante nunca se detiene.

Parece gótica esta gran pintura,

pero es real por más falso que suene.

 

El valle, símbolo es de depresión,

que a muchos envuelve en su neblina.

En la realidad causa distorsión.

El agua es sucia, ya no es cristalina.


Mas entre tanta sombra y confusión,

donde el alma siente estar perdida,

brilla de lejos una salvación,

alguien capaz de sanar la herida.

 

Jesús es el nombre de esa luz

que rompe la niebla y trae el día.

Él venció al diablo, también la cruz

y a la depresión vence todavía.

 


¿Existirán aún los grandes hombres?


¿Existirán aún los grandes hombres?

¿Dónde se encuentran los líderes hoy?

La historia marcaron algunos nombres

y a continuación a mencionarlos voy:


Alejandro Magno, el gran conquistador.

Murió, pero fue invicto en batalla.

India, Asia y Egipto vio su valor.

Su rostro en monedas y medallas.


Hercules, símbolo de superación.

Realizó con honor las 12 tareas.

Zeus le consedió la redención,

dejando atrás penas y mareas.


Aquiles protagonizó la Iliada,

el mayor guerrero de la ficción.

A Troya venció con su espada.

Perfecto, a no ser por su talón.


Fernando Magallanes surcó los mares.

Su expedición de todas, la primera.

En Asia, murió a manos de vulgares,

pero en alto ondeó su bandera.


Marco Aurelio, el gran emperador,

en Roma escribió "Meditaciones".

A su paso, una estela de esplendor,

y su legado caló en los corazones.


¿Nacerá otro hombre como estos,

imponente, noble y sincero,

que nos guíe a rumbos honestos

y deje su huella en el mundo entero?


Los rayos del crepúsculo


¡Qué alivio! Por fin la noche cesa

y las sobras se disipan con la luz.

Los rayos del crepúsculo profesan

la paz que da el misterio de la cruz.


Un nuevo inicio, un nuevo día;

todo ha quedado ya en el pasado.

La santa tumba yace ya vacía,

no llevamos solos el pecado.


Aunque caiga otra vez la noche,

sabemos que ha de amanecer.

La gracia del cielo nos recoge;

por Él, hemos de volver a florecer.


El mecenas


Mí corazón era el invierno

Mi voz no era más que un grito

Mi presente era un infierno

Y mí mirar ya era marchito.


Mi destino era la deventura

Listo estaba para la soledad

Olvidado ya como basura

Hasta que un día Dios tuvo piedad.


Lo encontré un día en la calle

Y simplemente quedé admirado

Casi hace que me desmaye

Con su musica borró el pasado.


Lo invité a cenar conmigo

Juntos celebramos nochebuena

Para el pavo era su amigo

Y para el postre su mecenas.


Juré convertirlo en un grande

Juré sacarlo de la pobreza

Si hacía lo que le demande

Sería el musico de la realeza. 


Aunque yo siempre tuve dinero

En la vida nunca tuve sentido

Pero este artista callejero

Me dió el porque haber nacido.


Doy fe que la musica se siente

Y que remplaza con amor las penas

De la vida estuve ausente

Hasta que un día me volví mecenas.


 


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