Cinco mil pies de altura Rodrigo Funes Una vez leí que un avión alcanza los cinco mil pies de altura y pensé: quizás el simple hecho de estar en el cielo nos acerque más a Dios. ¿Será que allá arriba se encuentra la paz prometida? Creyendo con todas mis fuerzas en esa ilusión, tomé un vuelo sin destino. Viajo ligero, llevando únicamente tus recuerdos. Quedarás atrapada entre las nubes, y yo descenderé como si nunca hubieras existido. Ahora, lejos del suelo, puedo confirmar que sí: aquí arriba todo se siente diferente. Tan pronto como el avión despegó, sentí que lo dejaba todo atrás, porque así fue. Pronto llegaré a un lugar sin nombre. Espero que sea frío, para que así se me congele el corazón. Cambiaré de nombre, de peinado, de vida. Empezaré de nuevo. Volveré a ser el que era antes de ti. Volveré a ser aquel de quien alguna vez te enamoraste, y dejaré atrás al que, una vez destruido, abandonaste.
Aquí reflexiono sobre lo que somos entre cielo y tierra: amores que se desbordan, duelos, culpas, deseos y fe, buscando sentido en cada verso y cuento.