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Ensayo: Amor y soledad

Amor y soledad

Rodrigo Funes 


Amor. Qué palabra tan dulce y cruel. Para mí, significa un hilo de luz que atraviesa la oscuridad y deja el alma sangrando. Amor, lo busco como quien con desesperación busca la sombra en el desierto, o como quien con labios deshidratados persigue el agua. Lo busco porque pienso que sin el no estoy completo, a pesar que es algo que ni siquiera conozco me hace falta. Lo anhelo, pero tengo miedo. El amor puede ser no sólo una bendición, sino también una tempestad capaz de devastar todo lo que se haya edificado en mi interior.


¿Cómo puede parecer tan próximo y tan distante al mismo tiempo? Tantas veces me he enamorado de sombras, de sonrisas efímeras, de personas que no estaban destinadas para mí. He sido hipnotizado por personas que se dispersaron en el aire antes de poder si quiera llegar a conocerlas. Me he enamorado de conceptos, de imágenes que se reflejan en mi mente, de caras que en ocasiones pienso haber imaginado sólo en sueños. Sin embargo, esos amores no son más que ilusiones, espectros que desaparecen al salir el sol. Me cuestiono si alguna vez descubriré el amor auténtico, el que no se esfuma con el paso del tiempo, el que no deja al corazón más solitario de lo que estaba anteriormente.


Existen un anhelo en mi interior que no puedo describir, un anhelo que me consume desde lo más profundo. Es como un fuego voraz e inextinguible, que solo el amor podría aplacar. Y no obstante, aunque duele, cuando pienso en lo que implicaría amar y entregarme totalmente a alguien, siento que me falta la respiración. Ya que el amor no es simplemente un sentimiento; es una entrega, es lanzarse al abismo con los ojos cerrados. Y me preocupa que por no conocer el terreno, me lance y muera en el intento. Me inquieta amar demasiado, con esa intensidad que atemoriza y asombra . Y aún peor, me inquieta no estar a la altura, no amar lo suficiente y que mi otra mitad se escape de mis manos. Tengo miedo de amar.


Por las noches, la soledad me envuelve como un amante que aunque frío, es conocido. No es amable, no me da consuelo, pero al menos es constante. La soledad no me critica ni me exige, tal vez por eso me resulta tan difícil abandonarla. Es sencillo permanecer en su abrazo, sencillo es oír sus susurros que me invitan a quedarme con ella y a no ponerme en peligro por el sufrimiento de un amor no correspondido o por lo absurdo de pelear por una relación que desde el principio se desmorona. Qué demonio tan persuasivo puede ser la soledad. Aunque me resguarda de algunos sufrimientos, también es un castigo que lentamente debilita mi espíritu. La conozco bien y sé por experiencia que tarde o temprano te traiciona.


A pesar de que en ocasiones deseo escapar de ella y me digo que la odio, también he de reconocer que me ha servido. Porque sin la soledad, nunca habría aprendido a escuchar mis propios pensamientos, a entender lo que verdaderamente anhelo, a forjar algo de amor propio y por supuesto, nunca habría escrito estas palabras.


Me cuestiono si la soledad fue una opción para mí. Ha pasado tanto tiempo que ya ni siquiera me recuerdo ¿Escogí estar sólo o terminé así? ¿La he invitado a quedarse porque el amor me resulta peligroso o simplemente estar solo es mi destino? ¿Es más sencillo estar solo que afrontar la incertidumbre que conlleva amar a otra persona? Tal vez. Sin embargo, también estoy consciente de que no puedo continuar así eternamente, que existe una parte de mí que pide conexión, intimidad, el calor de un corazón que se una al mío. Existen instantes en los que me siento perdido entre dos caminos : El amor y la soledad ¿Cuál escoger?


Es fascinante cómo la soledad puede ser simultáneamente un santuario y una cárcel. Me proporciona tiempo para reflexionar, para escribir , para tratar de comprenderme a mí mismo. Sin embargo, también me aísla del mundo y me hace sentir como si estuviera gritando en un cuarto vacío, con solo mi eco como reacción. Me cuestiono cuántas noches más pasaré de esta manera, abrazando mi almohada como si fuera el amor de mi vida, murmullándole palabras que nunca nadie escuchará. Me cuestiono si alguna vez podré cruzar esa puerta que me distancia del mundo ¿Podré arriesgarme a amar, a pesar de que exista la posibilidad del fracaso?


¿Qué causa más sufrimiento, me cuestiono, amar o estar en soledad? Amar es precipitarse al abismo, es ponerse en riesgo ante la posible pérdida, el rechazo y la traición. Pero la soledad es un sufrimiento que no tiene término, una herida que permanece siempre abierta. A pesar de que el amor puede llegar a ser un fuego abrazador capaz de destruir, al menos posee la habilidad de iluminar y calentar. Por otro lado, la soledad es un constante frío, un espacio vacío, acompañado únicamente de un silencio ensordecedor.


En ocasiones, en mis instantes más sombríos, considero que quizás estoy predestinado a estar sólo, que el amor que anhelo no es más que un fantasía. Sin embargo, incluso en ese momento, no puedo dejar de soñar con la oportunidad de hallarlo. A pesar de que la soledad me ha dado muchos aprendizajes, no deseo que sea mi única compañera. Deseo entender cómo es amar verdaderamente, cómo es dar mi corazón y recibir otro a cambio. Deseo entender cómo es acostarse con alguien y experimentar la sensación de que el mundo, por un instante, se encuentra tranquilo.


Y aquí estoy, atrapado en este espacio entre amor y soledad, soñando con un futuro que podría no llegar nunca. Sin embargo, no puedo abandonar la búsqueda, ya que, a pesar de que el camino sea extenso y esté repleto de espinas, sé que el amor, en toda su furia y hermosura, merece la pena.

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